Descontextualizar a los padres

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Suena raro, lo sé. Pero no se me ocurría mejor título para este post. Porque de eso trata precisamente: de los padres, su contexto… y sacarlos de él.

Qué os voy a decir de la relación con los padres. Nada fácil, nada sencillo. Es todo un mundo. Para unas personas con buen sabor de boca y para otras una cuestión bien amarga. O hay quien tiene una de cal y una de arena: se lleva muy bien con el padre/madre pero sucede justo lo contrario con la otra parte.

También sé que puede parecer un poco cliché que esté hablando de los padres (“la psicología y los padres, ¡qué pesadez, siempre con lo mismo!”), pero es que no es para menos. Nuestro padre y nuestra madre asientan las bases de nuestro mundo. Asientan las bases sobre las que relacionarnos con nuestro entorno y los demás, y lo que es tal vez más importante: asientan las bases sobre cómo relacionarnos con nosotras mismas.

Así que decir que nuestros padres son importantes (biológicos o no, quiero decir quien haya ejercido estos papeles: pueden ser nuestros abuelos, por ejemplo) es quedarse incluso corta. Porque el tema es largo, denso y lleno de matices.

El post de hoy es una invitación a revisar la relación que tenemos con ellos pero desde una perspectiva distinta a la que estamos acosumbradas a hacerlo. Como digo en el título: sacándolos fuera de contexto.

Yendo más allá

¿Por qué es importante hacer esto? Porque siempre que pensamos en nuestros padres lo hacemos dentro del mismo imaginario, siempre ligado al vínculo que tenemos con ellos. Siempre desde la perspectiva paterno-materno-filial. Y es lo normal, ¿cómo vamos a pensarlos? Los pensamos en base a la relación que tenemos con ellos. Pero esta es una manera de verlos algo limitada, algo sesgada e incompleta. Porque ellos son algo más que nuestro padre y nuestra madre. Son algo más que el rol que tienen con nosotras.

Aprender a ver algo tan sencillo pero tan complicado de llevar a cabo es esencial para eliminar las frustraciones de rol y generar una nueva comprensión de los dilemas familiares. Me explico.

Cuando comenzamos a ver algo tan obvio (pero que no nos planteamos) como que nuestros padres no encajan solamente en la parcela del rol que tenemos con ellos se nos abre un mundo nuevo. Porque comenzamos a verlos como algo más completo y más complejo. Comenzamos a comprender que son personas con sus propios valores, con sus propios pensamientos, miedos y complejos. Comenzamos a ver que sus actos hacia nosotras no son el resultado solamente de que sea nuestra madre o nuestro padre, sino que es el resultado del entramado complejo que los hace personas, así en general.

Ideal familiar

Muchas frustraciones con nuestros padres vienen porque hemos generado una expectativa de rol. “Las madres tienen que ser/decir esto”, “los padres son/muestran aquello”. En la cultura en la que vivimos hay expectativas muy fuertes en lo referente a la familia nuclear. Se nos vende como que son quienes nunca nos van a fallar, quienes siempre, pase lo que pase, van a estar ahí. Se nos vende a la madre como perfecta cuidadora y al padre como eterno protector. Y cuando esto falla, nos desmontamos.

Es lógico desmontarse por ello. Es lógico querer alcanzar ese ideal, a todas nos gusta sentir ese agradable calor de una madre que nos cuida, de un padre que nos quiere. Pero no podemos detener nuestra vida si esto no se cumple. Y, si los descontextualizamos, podremos comprender que si hay esa falta de afecto, ese incumplimiento de rol, no es porque se trate algo de nosotras o algo raro del vínculo materno-paterno-filial, sino que es algo que trasciende a todo ello: porque es algo que sucede en ellos como personas. Es algo que surge de ellos por quienes son.

Muchas veces pensamos que lo que hacen los demás respecto a nosotras tiene que ver con el tipo de relación que tenemos o con el tipo de sentimiento que alberga esa persona hacia nosotras mismas, pero muchas veces lo que hacemos es interpretar los gestos de otra persona como respuesta a algo nuestro cuando las respuestas de las otras personas (incluidas madres y padres) responde a su propio mundo interno, no a nada que hayamos hecho/dicho nosotras. Es decir, sus reacciones no son tanto debidas a nosotras como a quienes son. Ojo, con esto no quiero decir que no podamos generar ninguna reacción en nadie, pero que tenemos que descargarnos un poco de las interpretaciones que hacemos de nosotras mismas respecto a cómo reaccionan los demás. Sobre todo, de las interpretaciones que hacemos respecto a cómo actúan frente a nosotras nuestros padres.

Handicaps y recompensas

Abrir este abanico puede resultar complicado y un tanto doloroso. Complicado porque ver a nuestros padres fuera de su propio rol puede convertirse en un viaje difícil de seguir porque es algo que no se suele hacer, y doloroso porque este viaje puede ser el camino hacia su “normalización”, es decir, hacia verlos sencillamente como personas. Al alejarlos del ideal de madre/padre, corremos el riesgo de bajarlos del pedestal en el que los hemos puesto, pero a su vez puede ser muy liberador si aprendemos a ver desde esa óptica la relación que tienen con nosotras.

Pero abrir esta mirada también nos lleva por el camino de la reconstrucción de los afectos. Porque si desligamos a los padres del rol y los vemos como personas equilibraremos un poco la balanza de los demás afectos que nos ofrecen otras personas. Porque sí, puede que tu padre no cuidase de ti lo suficiente o que tu madre no te diera el afecto que necesitabas, pero fíjate en todo el abanico de afectos que tienes a parte de ellos. Porque ellos no te han dado exactamente lo que tú merecías, sino lo que ellos, desde su individualidad, eran capaces de darte.

*Nota: He escrito esta entrada pensando en la clásica familia nuclear “madre-padre-hija”, pero esto mismo puede ser aplicable a otros modelos familiares aunque, claro está, tendrá otros matices.

Imagen: Elena Odriozola

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