El capitalismo en tu cerebro

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Vivimos en un sistema capitalista. El capitalismo es un hecho. En él se generan terribles desigualdades tanto sociales como salariales: ricos muy ricos, pobres muy pobres y todas las consecuencias que esto trae a distintos niveles, como el social o el familiar.

Pero no podemos entender este sistema solamente como un sistema económico con todas las catástrofes que trae, sino que va mucho más allá. Es un sistema que también nos configura, que nos moldea, que nos hace ser como somos y pensar de la manera en que pensamos. Es decir, nos afecta mucho más allá que a nuestra cuenta bancaria (y toda la extensión de cuestiones que esto puede desencadenar).

A nivel individual, yendo más allá cómo nos pueda afectar tener más o menos dinero, poder acceder más o menos a él -que, insisto, ya es mucho- el sistema capitalista contiene una serie de doctrinas e ideologías que nos calan a nivel individual y llegan a formar parte de nosotras mismas. Y como tantas de las ideas que se nos inculcan desde la infancia, llegamos a interiorizarlas tanto que ni las cuestionamos. Son ideas que se anclan como única perspectiva posible del mundo y de nosotras.

Una perspectiva que nos aleja como individuos, nos desune y nos enfrenta.

Competitividad alentada por el capitalismo

Diciendo esto no desvelo ningún misterio. Que el capitalismo es un sistema que fomenta la competitividad es algo innegable. Esto tiene claras consecuencias a nivel social, laboral e interpersonal. Porque las relaciones más íntimas, ya de amistad o de pareja, también pueden verse intoxicadas por la competitividad. Una competitividad basada en una comparación malsana donde “la que tiene más” o “la que es más” gana. La necesidad de “ser más” o sentirse superior a alguien puede dañar seriamente los pilares de cualquier relación. Así no nos podemos disfrutar ni a nosotras ni a las demás.

Pero es que, además, una de las peores formas de competitividad a la que nos empuja el sistema capitalista es para con nosotras mismas. El capitalismo nos confronta con nosotras, no se conforma con quienes somos y no nos deja sentir, nunca, que somos suficiente. Nos pide que seamos más, que hagamos más, que produzcamos más. Que seamos, al fin y al cabo, otra cosas que no somos.

Si no fomenta esta competitivdad, ¿a quién le va a vender productos para que se sea diferente? ¿Cómo va a ganar el bienestar frente al comercio de cualquiercosa para que te veas y para que seas diferente? No tan gorda, no tan arrugada, no tan canosa, no tan velluda. ¡Supérate! Ve más allá. Cambia. Y si no cambias es porque no quieres. Porque esta es otra que nos venden: tú puedes ser tanto como quieras y quien quieras ser. Si te aceptas y no cambias es porque no te da la gana, porque lo tienes todo a tu disposición para hacerlo.

Deja de ser tú para ser algo mejor.

Hunde lo que eres y construye algo más bello. Y necesitas nuestros productos para ello.

El capitalismo te dice que compres para cambiarte, que te analices todo el rato. Y el patriarcado se encarga de darle forma a estos dictados.

Acumulación de capital: mirar al futuro

Este sistema tampoco es amigo del aquí y el ahora. Uno de sus máximos dictados es “producir” y acumular. Más, más y más. Y esto es algo que siempre nos proyecta en el futuro. Si lo que esperamos es tener más, acumular más, la respuesta no es el momento presente, siempre está en otro lugar que no ha llegado.

Nos saca del presente porque nos proyecta a un futuro en el que tenemos que tener más dinero, tenemos que tener más cosas, tenemos que tener una casa más grande. Para poder ser más felices. Porque tener es felicidad. Tener es ser completo. Y aunque se sabe que tener más no nos hace más felices, el capitalismo nos vende una idea de felicidad ligada a las pertenencias y nos dice que es siempre lineal: cuanto más tienes más feliz serás.

Y no podemos quitarnos esta idea de la cabeza, sacándonos, así, del momento presente.

Tanto tienes tanto vales

También tiene consecuencias para la autovaloración, porque el capitalismo nos enseña que, si eres buena en algo, te pagarán con ello. Nos dicen que tu calidad se va a ver remunerada. Esto se traduce en que si eres lo suficientemente buena en cualquier campo tu futuro debe estar rodeado de billetes. Te llueve el dinero nada más abrir la boca, vamos. Pero esto es una falacia. Porque para poder ganar dinero con algo en lo que eres buena tienen que darse muchos factores que no necesariamente se van a dar. Y que no ganes dinero con algo no quiere decir que no seas buena en ello.

Es la idea de tanto tienes tanto vales. Nos puede empujar a una perpetua insatisfacción vital, ya no sólo en cuanto nos dice que siempre necesitamos más objetos de los que tenemos, sino en cuestiones de autoestima ya que “si no ganas dinero con lo tuyo es porque no lo haces lo suficientemente bien”.

Crecer sólo en una misma: del individuo al aislamiento

El capitalismo es la cultura del individuo como ente aislado. Prima en él esta individualidad negativa, en la que mirar al del lado resulta mirar al enemigo, mirar al que nos puede quitar y no a alguien que nos pueda hacer crecer. Nos fomenta el mirar con desconfianza y convierte al otro en sospechoso, lo que nos lleva a encerrarnos más en nosotras mismas. Nos aislamos porque tememos al otro. “No te fíes porque te puede quitar el beneficio propio”.

Nos hace sentirnos separadas y fomenta un individualismo que no tiene en cuenta que los cuidados entre nosotras son necesarios para el bienestar. Porque lo que hace en realidad es que confundamos la idea de independencia con el total aislamiento. Cuando el capitalismo nos dice: “sé independiente” en realidad nos dice que nos aislemos. Que no nos fiemos del otro. Ya sabes: el otro es el enemigo.

No fomenta una individualidad sana, una individualidad que sirva para conocerse y quererse, sino, como decía antes, fomenta una individualidad autocompetitiva en el que la aceptación el cuidado profundo y propio no se incluyen (esto no vende productos). Porque fomentar una individualidad sana pasa por fomentar una red de afectos: todas necesitamos de los demás para sentirnos bien y completas. Porque, repito, una cosa es ser independiente y otra muy diferente estar aislada, y esto a nivel de bienestar tiene una relación diametralmente opuesta.

El cuidado es ese algo que no da dinero. Es ese algo feminizado e invisibilizado, dos características que son más que suficientes para que el capitalismo y el patriarcado no lo valoren como merece y que nos transmitan esa idea de forma activa y pasiva.

Y es que un ser social como somos no puede sentirse del todo bien si no tiene a otres a su alrededor que le proporcione cariño y cuidado. ¿Esta frase te suena dependiente? ¿Te suena a ser débil o blanda? Felicidades, el capitalismo está en tu mente reinando. Necesitar afectos no te hace débil ni dependiente. Te hace humana.

Si el cuidado diera dinero y estuviera asociado a lo masculino sería uno de los valores predominantes en nuestra sociedad.

 

Ilustración: Daniela Paz Collage

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