La ansiedad oculta

doors1

La ansiedad no siempre es algo obvio. No siempre es algo que podamos detectar con facilidad. No es siempre una cosa explosiva, identificable fácilmente, algo que siempre tenga la misma forma y color.

La ansiedad tiene múltiples maneras de manifestarse y puede llegar a ser tan sutil que ni siquiera nos demos cuenta de que está presente. De hecho hay mucha gente con sintomatología de ansiedad que no es consciente de que lo que les sucede forma parte de un problema de ansiedad.

La idea que tenemos de ansiedad es principalmente la de ataque de pánico. Esa gran explosión en la que prácticamente se pierde el control. Incluso puede que la identifiquemos con ciertos síntomas físicos que son los más típicos como hiperventilación, sensación de ahogo o temblores… Pero la verdad es que va muchísimo más allá. Porque la ansiedad es tan poderosa que puede asomarse en cualquier aspecto de nuestra cotidianeidad. Tiene muchas puertas tras las que se esconde.

Empezando por el principio

Vayamos primero por la parte más “técnica”. Sí, la aburrida. Un pequeñísimo resumen de lo que pasa en nuestro cuerpo con la ansiedad para comprender por qué puede aparecer por tantos sitios.

Cuando se tiene ansiedad (se sea consciente o no) hay un torrente hormonal que finaliza liberando cortisol en el cuerpo. Este cortisol tiene la función de devolver el cuerpo a un estado normal, “no nervioso” digamos, pero si se mantiene la ansiedad a lo largo del tiempo este cortisol sigue circulando por sangre y comienza a tener efectos negativos.

Lo importante es comprender que este cortisol recorre absolutamente todo el cuerpo, por lo que es susceptible de afectar a cualquier parte del mismo, y no sólo a cualquier “parte”, en el sentido de órganos aislados, sino que en conjunción a todo lo que puede afectar puede darnos sensaciones extrañas tanto a nivel corporal como a nivel mental. Porque la liberación de cortisol afecta, además, a otros procesos hormonales que ayudan a regular nuestro organismo.

Aquí hay un punto importante y es que tenemos que dejar de pensar cuerpo y mente como entidades separadas, como cuestiones que funcionan de manera aislada e individual: lo que le pasa al cuerpo (por ejemplo hormonas), le pasa a la mente, y lo que sucede en la mente afecta al cuerpo (siguiendo el mismo ejemplo: a nuestra segregación hormonal). Tal vez la ansiedad es una de las mayores pruebas de esta realidad: su manera de afectarnos va hacia lo corporal de mil maneras distintas pero además trasciende lo “meramente corporal” para darnos sensaciones que en ocasiones son más sutiles, más “mentales” o emocionales.

Síntomas físicos

La sintomatología física de la ansiedad no es solo la que asociamos a los ataques de pánico (temblores, sudoración, taquicardia…) sino que puede ir por otras vías. Porque el cortisol afecta a todas las partes de nuestro sistema y es especialista en revestirse de afecciones físicas: sequedad de boca, dolor de estómago, estreñimiento, dolor de cabeza… Todo esto y más pueden ser causados por la ansiedad mantenida en el tiempo. Cualquier órgano se puede ver afectado por la ansiedad.

Y de la misma forma se pueden ver afectados nuestros músculos porque no lo olvidemos: también son órganos; “El órgano olvidado” como le llama mi fisioterapeuta a la musculatura. ¿Cuántas contracturas no son causadas por nuestra tensión?

Incluso a la larga nuestra ansiedad puede ser la desencadenante de enfermedades latentes, o incluso puede hacer que enfermemos con más rapidez; Y es que el cortisol afecta de manera directa a nuestro sistema inmunológico haciendo que trabaje mucho, y cuando termina la segregación de cortisol el sistema inmune baja su rendimiento de forma acusada… lo que nos puede llevar a ser más sensibles ante los virus y las bacterias y que estos aprovechen para crecer en nuestro cuerpo. Es por eso que después de épocas de estrés solemos caer enfermas con facilidad: nuestro sistema inmune abre la puerta grande hacia cualquier patógeno con el que nos crucemos.

Vamos, que la ansiedad puede hacernos sentir prácticamente cualquier sintomatología de tipo físico, haciéndonos pensar que “algo grave nos pasa” cuando lo que está sucediendo es que nuestra ansiedad está atacando fuerte.

Síntomas mentales y emocionales de la ansiedad

Toda la sintomatología física es sólo una parte. Porque la ansiedad, como decía, también puede darnos una serie de síntomas a nivel mental y emocional que tal vez son los más complicados de identificar como ansiedad propiamente, porque los vivimos como “sensaciones” como cosas que nos pasan pero no sabemos bien por qué, como un malestar general, como algo inespecífico… Como una sensación de que algo se nos mueve por dentro, que hay algo que no funciona. Como una sensación de inquietud latente. Como un runrún interno.

Sensación de bloqueo, de inmobilidad… La ansiedad puede ser también así de inespecífica. En mi caso, por ejemplo, la ansiedad se manifiesta en forma de bloqueo mental. De una forma sutil pero extraña: de repente siento que no puedo pensar. Que hay como un muro. Que mis pensamientos no se encadenan como debería, que por mucho que trate de hacer una reflexión acerca de algo sencillamente no puedo. A una amiga mía se le manifiesta en forma de verborrea: cuando está que no puede más le da por hablar y hacerlo muy deprisa. Hay gente que, de repente, tiene días de insomnio. O problemas sexuales.

En realidad es tan basta y tan amplia que no se pueden describir sus múltiples formas en una sencilla entrada de Blog. Pero el concepto que quiero enviar es que la ansiedad se cuela y se manifiesta de múltiples maneras afectando a nuestra manera de pensar y de sentir, haciéndonos sentir extrañas y, muchísimas veces, al ser algo más del tipo “sensación” nos puede pasar desapercibida.

Escucharse es lo básico

Al final tenerla no es necesariamente tener explosiones de ningún tipo. Se pueden tener ataques de pánico si se tiene ansiedad, claro. O no. No podemos llevarnos al engaño pensando que si no hemos tenido ninguna crisis de pánico eso significa que estamos bien de ansiedad, que no la padecemos, que nunca nos ataca. La ansiedad no tiene que ser necesariamente algo grande, puede ser algo sutil.

Si sentimos que algo no funciona en nosotras, podría ser la ansiedad haciéndonos sentir mal. Hay que escucharse a todos los niveles. Porque la ansiedad es especialista en ocultarse bajo síntomas o malestares que pueden hacerla pasar desapercibida. Y es nuestro trabajo estar pendientes no sólo de que ella existe, sino de qué es lo que nos ha llevado a ella.

Imagen: Mrzyk & Moriceau

2 comentarios

¿Tú qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *