La culpabilización de la víctima o cómo destruir a una persona

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El #victimblaming o culpabilización de la víctima está al orden del día. Estamos en pleno 2016, y aún hoy día cuando una chica es violada la gente pregunta que cómo iba vestida o comenta que ya le vale por ir a las tantas de la madrugada sola. Si es que a quién se le ocurre, pensar que la calle también es suya…

Este tipo de mensajes que, quiero pensar, quieren llamar a la precaución al más puro estilo vintage-parental (¿qué mujer no ha oído el clásico “hija, ve con cuidado”?), en realidad están revestidos de una misoginia y una crueldad que se ven en pocas situaciones.

Los casos que tanto suenan últimamente de Diana Quer y Tiziana Cantone son una pequeña muestra de lo que, desgraciadamente, sucede cada día; y en cada caso se oye exactamente lo mismo:

¿Por qué sola a esas horas? Ya se sabe que es peligroso.

Alguien le debería haber advertido.

Eso le pasa por dejarse grabar/por ir vestida así/por no tener cuidado.

Vamos, que si te pasa algo la culpa es tuya.

De esta forma la víctima no tiene que cargar sólo con el dolor de semejante experiencia sino con la vergüenza y la culpa de que ella no ha hecho nada por evitarlo. Que ese dolor se lo ha ganado. Que podría haberlo evitado. Que qué le pasa por haber sido tan tonta y haber consentido y propiciado ese evento. Y, así, el mensaje que se le manda a esa mujer es que está cargando con un castigo por ser como es, por hacer lo que hace. Por ser ella y ser libre al fin y al cabo. ¿Las consecuencias? Creo que están claras sabiendo tal y cómo ha terminado Tiziana. Y es que las víctimas, como si no tuvieran suficiente con sentirse humilladas por lo ya vivido, tienen que soportar este cuestionamiento -que es fácil acabar haciéndolo propio y entrar en autocastigo-. Y este es un paquete a llevar encima muy, muy grande. A veces tanto que se hace insoportable.

De entre todas las exigencias con la que se nos carga a las mujeres, la culpabilización de la víctima sea, tal vez, la versión más cruel de todas. Porque sí, al culparnos se nos exige, se nos exige seguir una serie de normas y comportamientos que se suponen que deberían protegernos, que se suponen eficaces contra cualquier tipo de acoso y violación (dejando de lado el hecho de que la mayoría de las violaciones se dan en los círculos de confianza como la familia y las amistades). Se nos exige ser conocedoras de todas las situaciones peligrosas y tener las estrategias suficientes como para evitarlas. Se nos exige ser una especie de superwoman con visión panorámica y de futuro para saber que “por ahí no” o que en una hora “una oleada de machistas sacudirá mi camino a casa”.

En última instancia se nos exige vivir con miedo. Y cualquier cosa que le haga sospechar al intrépido lector de turno que esto no es así, servirá automáticamente para señalarnos como propiciadoras del asunto. Servirá para que las redes se llenen de más y más comentarios que pretenderán saber qué ha hecho mal esa chica. O lo que es lo mismo: cuestionando a la chica.

Pero es que vivir con miedo nos protege de nada. Ni cumpliendo a rajatabla todas esas exigencias que quieren mantenernos silenciosas y discretas (como buenas señoritas) nos ayudan con nada. Porque haga lo que haga nadie puede saber ni controlar si se va a encontrar con un machista de aúpa que le va a arruinar la noche y parte de su vida. Y este es el punto. Es aquí donde hay que señalar, donde hay que mirar y donde parece que nadie mira.

Y todo esto lo hacemos por mantener un status quo en el que prima no mover los cimientos de nada a costa de destruir la vida de una persona. Porque señalar a la víctima y no al verdadero culpable nos hace sentirnos a salvo en nuestro sillón ya que “eso le ha pasado porque no ha tenido cuidado” y no porque haya un verdadero problema social en el que se sigue considerando a la mujer algo para el uso y disfrute del hombre, como un ser de segunda con el que poder hacer lo que se quiera. Culpamos a la víctima porque somos cobardes, somos lo suficientemente cobardes como para no reconocer que el problema lo tenemos nosotres como sociedad.

Y lo que acabamos haciendo es lo siguiente: una vida compleja, llena de deseos, ilusiones, miedos, proyectos, amistades y ansias de vivir destruida por la cobardía de no aceptar que, como sociedad, nos queda mucho por avanzar. Por no aceptar que el problema son los violadores y que no estamos haciendo nada por “educar en no violar”. Por no querer señalar al verdadero culpable, que no es sólo el acosador sino nosotres mismes en el momento en que no nos posicionarnos al lado de la víctima. Porque las reacciones que tenemos ante un evento así tienen un peso significativo para la víctima. Y no sólo para ella: sino para el entorno que la quiere y la protege. Si no la apoyamos y si no nos revisamos seguiremos, sistemáticamente, destruyendo las vidas de centenares de mujeres que tienen que llevar la carga de haber sido abusadas y de ser cuestionadas por una sociedad que las quiere a ellas culpables.

Por eso esconder la cabeza bajo la tierra y no posicionarse es seguir la cuerda ya instaurada de crueldad. Es ser parte del problema. Intentar buscar dónde ha fallado la víctima (y caer en la culpabilización de la víctima) en vez de mirar qué sucede con el agresor es ser parte de la cultura de la violación, y, en consecuencia, parte del problema y parte del sector que tortura a la víctima, que hace que se sienta más indefensa, si cabe.

  • No hacer click en un vídeo que sabes que ha sido robado o publicado sin consentimiento.
  • No dudar de una mujer cuando se atreve a decir que ha sido violada.
  • No hacerse preguntas sobre por qué iba así o por ahí.

Son cosas muy muy pequeñas que pueden ofrecer un cambio muy grande. Que pueden hacerle sentir a la víctima que no está sola. Que estamos con ella, que el problema no es ella. Que ella no tiene la culpa de nada. Ni de cómo se vistió, ni por dónde fue, ni lo que hizo o dejó de hacer. Porque tenemos que saber que el potencial que tenemos para hacer que otra persona se sienta culpable es grande. Tenemos que ser conscientes de que formamos parte de una sociedad que pretende controlar a las mujeres a través de la culpa, y debemos romper con ello.

Me pregunto qué habría sido de Tiziana si en las redes nos hubiésemos volcado con ella y la hubiésemos protegido en vez de mofarnos y verlo divertido. No subestimemos el poder de las redes. A la vista está que, a través de ella, podemos acabar de hundir a las que ya son víctimas.

Imagen: @RikaMzHyde

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