Ligar en los tiempos de las apps

corazoncarta2

En una de las últimas entradas del Blog comentaba sobre el miedo al compromiso y cómo es una plaga a día de hoy. Esta cuestión tiene, como es evidente, consecuencias a nivel personal. Y de esta parte es de la que voy a hablar ahora. ¿Que por qué ese título para este tema? Porque el miedo al compromiso y el uso de aplicaciones para encontrar pareja -aunque sea para una noche- tienen unas sinergias y una retroalimentación de bastante complejidad.

Empecemos por lo que comentaba en el anterior post: el miedo al compromiso se ha ido extendiendo de manera alarmante y estamos viviendo en unos tiempos en los que parece cada vez más difícil encontrar pareja, pese a la aparición de aplicaciones para este fin. Estas aplicaciones son un reflejo de los tiempos en los que vivimos, un artilugio en la que los milenials nos movemos como pez en el agua. Y es que si hay una característica definitoria de la vida actual en nuestra cultura es el uso -y en ocasiones abuso, también en lo relacional- de lo online en la vida cotidiana.

Ligar desde la frialdad

Lo online nos ha abierto nuevas formas de comunicación, lo que no deja de significar nuevas vías para relacionarnos, algunas muy útiles e incluso necesarias -no soy yo quien las vaya a demonizar-. Pero estas vías, sobre todo las mainstream y las que se utilizan en estas apps para ligar, utilizan el mensaje escrito como base comunicativa, y mediante el mismo está claro que no podemos obtener toda la complejidad que aporta una relación de tú a tú ya que se pierden elementos comunicativos: las miradas, los gestos, los tonos de voz, las reacciones de la otra persona cuando hablamos… En consecuencia, la comunicación se vuelve algo más fría.

Esta frialdad dada por la falta de elementos comunicativos genera una cierta distancia y desconfianza. Una distancia que a veces vivimos como una seguridad: la otra persona no nos ve, no ve nuestra reacción y además tenemos más tiempo para pensar la respuesta que si la tuviéramos delante. Nos vemos más inmunes. Con más poder y sensación de control. Y la desconfianza que surge es totalmente lógica, también, por la falta de elementos comunicativos y por el surtido de malas experiencias que hemos vivido o hemos llegado a conocer (que se multiplican con lo online debido a que estas herramientas multiplican la cantidad de gente con la que nos llegamos a relacionar, a la que hay que sumarle esta sensación de inmunidad de la que muchos se aprovechan). Y estas sensaciones pueden poner muy fácilmente barreras para conectar de verdad con la persona que tenemos al otro lado.

Esta es una de las sinergias que hay entre el miedo al compromiso y las apps: el miedo al compromiso lleva a la desconexión con las otras personas, en concreto con las potenciales parejas y las apps pueden llegar a fomentar y facilitar, bajo el manto de los pocos estímulos que nos llegan de la otra persona a través de ellas, una frialdad comunicativa que puede traducirse como una cierta desconexión. Con lo que estas apps son un arma de doble filo: nueva comunicación pero más frialdad. Nueva comunicación pero desde la desconfianza.

Con el tema de la desconexión entre personas y las aplicaciones nos encontramos con el dilema del huevo y la gallina: ¿es primero la falta de conexión lo primero o son las apps que nos llevan a esta falta de conexión? Yo creo que son un poco las dos cosas. Por un lado es un hecho que las personas cada vez estamos más desconectadas entre nosotras debido, en gran parte, al extremo individualismo que fomenta la sociedad capitalista. Y por otro lado aparecen en pleno auge social de miedo al compromiso estas apps y su frialdad comunicativa, facilitándole a las personas fóbicas que su fobia se solidifique básicamente de dos maneras:

  1. Ofreciéndoles un catálogo lo bastante amplio como para potenciar su idea de que “hay muchas opciones y tengo que encontrar la mejor”, lo que les hace menospreciar las potenciales parejas reales en aras de esta perfección idealizada e irreal.
  2. Mediante esta misma sensación de infinitud de parejas posibles consiguen saciar sus ansias de vincularse con encuentros esporádicos repetitivos. Eso que le llaman “tener sexo casual” (cuando la cuestión no es así de simple y vacía como quieren creer). Así su necesidad se mantiene en una meseta de satisfacción y no aspirarán a nada más. En estas apps siempre hay movimiento y gente nueva. Y cuando cae sale otra app.

Además todo esto lo hacen sintiéndose más inmunes que nunca por esta distancia que se genera al comunicarse mediante chat. Por tanto estas apps van como anillo al dedo para quienes sufren miedo al compromiso, un miedo que, si ya tiene unas bases psicosociales ideales para hacerse presente como decía en el anterior artículo, con estas cuestiones que le ofrecen las apps tiene un buen alimento para mantenerse y crecer.

Y así, entre que sufrimos esta epidemia y las aplicaciones no ayudan demasiado para solventarla -aunque su cometido a priori pueda parecer el contrario- las dinámicas en las que se acaban cayendo al utilizar las mismas pueden llegarle a resultar muy dolorosas a las personas que no sufren miedo al compromiso y que, buenamente, buscan una conexión real, más auténtica y profunda. Que buscan o desean una pareja.

Las consecuencias a nivel personal

Todas estas sinergias y dinámicas relacionales peculiares y revestidas de una muy moderna frialdad, acaban generando muchísimo dolor, sobre todo, en las personas que están dispuestas a abrir los canales para una relación, es decir, quienes menos miedo tienen al compromiso. Al encontrarse con estas dinámicas  de rechazo se sienten enormemente heridas y desconcertadas.

Y es que es realmente desconcertante: lo pasas bien con una persona, parece que os gustáis, y de repente no te da más conversación. O la cosa es entrecortada, deja de contestar a tus mensajes con tanta frecuencia o directamente eres víctima del ghosting: esta persona desaparece sin dar más explicación.

El grado de ansiedad que pueden generar estas respuestas (o no-respuestas), sólo lo sabe la persona que las vive. La mente comienza a entrar en bucle para encontrar la explicación que no está obteniendo del exterior: “será que no le gusto”, “habrá conocido a otra/o”, “algo habré hecho”… Y claro, como no tienes posibilidad de contrastar lo que está pasando en realidad, o ni siquiera puedes ver que puede que la otra persona esté sufriendo un auténtico problema para comprometerse a cualquier nivel, acabas indagando solamente en ti y en lo que puede fallarte. Porque este tipo de rechazo sin más explicación que suelen hacer como maestras en la materia las personas con miedo al compromiso provoca una sensación de rechazo infinitamente peor que aquél que tiene un por qué honesto y claro. Si este rechazo va repitiéndose a lo largo del tiempo, dejándote este interrogante que solamente te deja a ti en el centro, el mensaje que te envías es obvio: nunca voy a encontrar pareja, nunca le voy a gustar a nadie de verdad. Incluso: hay algo muy malo en mí.

Y estos mensajes dan miedo. Dan miedo primero porque te destruyen a ti y a tu autoconcepto de ti-en-relación. Y porque, si eres consciente de lo bueno que trae tener una relación, la potencialidad de no conseguirlo asusta. La idea de no poder “ser especial” nunca para nadie no gusta. El sentirse priorizada por alguien es un deseo lícito porque es algo que nos genera placer, algo que nos hace sentir bien con nosotras mismas. Estar a gusto junto a otra persona multiplica el placer de lo que experimentas. Y así suced al tener una pareja. Además a todo el mundo le gusta que le cuiden. Pero si no paras de tener rechazo tras rechazo (y con el uso de apps sí, puedes ligar más, pero también puedes ser más veces rechazada que si no las usas) y, por tanto, esta fuente de amor parece no llegar, esto acaba haciendo mella. Lesiona de una manera muy particular el autoestima. Lesiona desde la generación y ahondamiento de un vacío.

Miedo al compromiso en aumento

De esta forma las personas que no tienen miedo al compromiso, al haberse encontrado una y otra vez con este tipo de situaciones, comienzan a cerrarse emocionalmente. Lógico: de alguna manera se tienen que proteger. Pero la consecuencia es que con esta dinámica el número de personas disponibles de verdad emocionalmente va decreciendo exponencialmente: estas personas que antes estaban abiertas a sentir, a relacionarse, de repente tienen miedo y ya no se abren, exactamente de la misma forma en la que no se han abierto las personas con fobia al compromiso que se han ido encontrando por el camino. Con lo que sí: las personas a priori no-fóbicas acaban convirtiéndose en fóbicas.

Es preciso recordar que si en algo consiste el miedo al compromiso es en que, precisamente por el terrible deseo de vincularse, no lo hacen por miedo a ser rechazados. Es decir: la base del miedo al compromiso es que el miedo a estar solos -el miedo al rechazo- nos lleva a estar solos. Y esto mismo es lo que les sucede a las personas previamente no-fóbicas que ahora se protegen: no quieren más rechazo. Se convierten en fóbicas al compromiso como un arma defensiva ante tanto dolor. Una defensa que las predispondrá a caer, casi sin darse cuenta, en la profecía autocumplida y no encontrar pareja.

Es decir, la pandemia de miedo al compromiso más las consecuencias negativas del uso de apps pueden, potencialmente, generar más miedo al compromiso en quienes previamente no lo tenían. Estamos en la situación de la pescadilla que se muerde la cola: el miedo al compromiso es en sí mismo un generador de miedo al compromiso. Porque éste surge de una protección frente a un potencial dolor, ese dolor genera barreras para conectar con otra gente y esta otra gente sufre y sube sus propias barreras. Y el ligar por aplicaciones facilita, por todo lo anterior, ese alzamiento de barreras.

Al final parece que algo aparentemente tan sencillo como es vincularse íntimamente con otra persona, nos supone, a día de hoy, un auténtico reto.

Imagen: Ufunk

¿Tú qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *