Mis emociones no siguen a mi razón

brainflower

¿A quién no le ha pasado que ha sentido que sus emociones no eran las adecuadas, que no se ceñían a lo que pensaban, a lo que parecía más lógico?

La sensación de que las emociones van por su cuenta la hemos sentido todas en algún momento. Y esa no correspondencia con nuestra lógica, con nuestra parte más racional nos llega a irritar, nos lleva a cuestionarnos y, en definitiva, nos lleva a sentirnos peor con nosotras mismas por el hecho de no tener esa compatibilidad que nos gustaría y que llegamos a valorar como “normal”, como “lo que tiene que ser”; Y que, creemos, prácticamente sucede de forma espontánea. Como si el pensar y el sentir fueran de la mano de manera incuestionable. Como si cambiar el pensar fuera una garantía absoluta para cambiar el sentir de manera instantánea.

El otro día leyendo este genial artículo de Coral Herrera sobre las otras posibilidades en las relaciones más allá de la monogamia me hizo pensar mucho al respecto. Y es que creo que cometemos el profundo error de exigirnos sentir tal y como razonamos. Que pretendemos que, por cambiar de pensamiento, nuestras emociones se ajusten rápidamente como un guante a la nueva manera de pensar. Y, siguiendo el ejemplo del artículo, en cuestiones de contemplar otras posibilidades en las relaciones que no sean la monogamia nos podemos topar, de golpe, con que pese a querer otras formas de relaciones nuestras emociones parecen que se ciñen a viejos hábitos.

Lo cierto es que, en todos los planos de la vida, razones y emoción no se tienen por qué sincronizar automáticamente. Pensar y que las emociones vayan coherentemente por la misma línea no es siempre posible y el exigir que así sea y que además lo sea YA, nos puede llevar a la autocrítica y minusvaloración.

Yendo al principio

Cómo sentimos también es un aprendizaje. Durante toda nuestra vida todas nuestras vivencias van configurando poco a poco la manera de sentir: la influencia de los padres, la influencia del entorno y nuestros propios rasgos de personalidad juegan un papel importante en ello. Y así, llegamos a la edad adulta con determinadas respuestas emocionales que hemos ido adquiriendo y practicando durante toda nuestra vida.

Pero seguimos creciendo, adquiriendo nuevos aprendizajes y nuevas formas de pensar. Deshacemos la teoría aprendida. Incorporamos otra nueva. Las experiencias nos cambian la manera de pensar pero sin embargo… parece que los viejos hábitos en el sentir siguen apareciendo. Un ejemplo sería el que he comentado más arriba: decidimos que no queremos monogamia pero no podemos evitar sentir celos si sabemos que nuestra pareja estará con otra persona. Pero ¿esto no es realmente lo normal? ¿Cómo no van a pesar todos esos años en los que hemos sido educadas en que los celos son una reacción normal del amor que sentimos hacia la otra persona? ¿Cómo vamos a bloquear, sin más, esa respuesta que ha estado surgiendo en nosotras?

Lo malo es que esto lo vivimos como contradicción, y lo que es peor de todo es que las contradicciones nos parecen insoportables, inútiles y dañinas.

Aquí y ahora

Respecto al cambio en el sentir hay que tener tremenda paciencia. Esto es como pedirle a alguien que nunca ha sembrado tomates que el primer año tenga una cosecha excelente. Puede pasar, pero lo más probable es que no suceda, y que tan solo le salgan unas pocas matas bien. Pero con la práctica podrá tener un huerto excelente. Y con las emociones pasa igual: es cuestión de entrenar. Es cuestión de ir haciendo, de no forzar y tener paciencia con los procesos emocionales propios.

El hecho de que pensemos diferente no nos va a llevar a cambiar inmediatamente la emoción que surge. Con un entreno es posible un cambio real pero puede que nunca acabemos de eliminar del todo esos restos emocionales. Es decir, así como realmente es posible acabar cambiando la manera de sentir a base de práctica, aceptación y paciencia, también es cierto que las inercias en el sentir pueden seguir apareciendo. Los viejos hábitos emocionales, esa vieja sensación de celos, esa desgastada sensación de rabia… pueden seguir apoderándose de nosotras en ocasiones aunque sigamos entrenando nuestras emociones a través de nuestra cabeza. Y es de lo más lógico: querer cambiar el sentir es luchar contra toda una vida de entreno emocional.

Y es que ¿hasta qué punto es una contradicción que las emociones no sigan a la razón si tenemos en cuenta nuestra larga trayectoria vital y sabemos que nuestras emociones han sido educadas para responder como lo hacen?

Lo importante, después de todo, es ser consciente de todo esto. De comprender que pensar diferente no lleva automáticamente a sentir diferente. Y que no nos pasa nada, no estamos mal, no estamos reaccionando extraño ni tenemos ningún problema porque esto nos pase. De hecho muchas veces no se trata tanto la emoción que surge si no el cómo la gestionamos. Y es realmente más sencillo aprender a gestionar nuestras emociones que pretender cambiarlas.

Las bases de la gestión

La gestión emocional es diversa. No hay ningún truco absoluto ni fórmulas matemáticas para ello. Pero sí que toda gestión emocional tiene unas bases en común: calma y aceptación de las propias emociones. Si partimos de esta base la gestión es posible. Desde ahí podemos empezar a trabajar.

Porque no hay manera de hacer una gestión correcta si nos enfadamos constantemente con nosotras, si nos atacamos por sentir lo que sentimos o si tratamos de ocultar o forzar nuestra emoción. Así que surja lo que tenga que surgir. Y cuando lo haga, en vez de extrañarnos, recojamos esa emoción: comprendámonos, entendamos que, aunque en el momento no lo sepamos ver, esa emoción ha seguido su propia lógica. Una lógica que probablemente escape a nuestras razones inmediatas. Porque las emociones tienen su propia vía.

Imagen: Charlotte Self

1 comentario

  1. Gracias! Me ha aliviado mucho este artículo y me motiva a gestionar mis emociones y dejar la ilusión de la represión de ellas. Ha sido liberador luego del artículo del poliamor…

¿Tú qué opinas?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *