Perfeccionismo y negatividad

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El perfeccionismo puede llevarnos a verlo todo negativo. No tiene por qué pasar siempre así, pero es una posibilidad que encierra el quererlo todo perfecto: porque si no está perfecto, es mejorable. Es decir, nos lleva a enfocarnos en lo negativo de un asunto.

El perfeccionismo es una característica que se ve con buenos ojos. Dices “soy perfeccionista” y automáticamente se te imagina como una persona meticulosa, que cuida los detalles y que quiere hacerlo todo lo mejor posible. Sin embargo, yo no creo que ser perfeccionista sea algo bueno; así como tampoco creo que no se pueda ser meticulosa, detallista y que te esfuerces en hacerlo todo bien si no eres perfeccionista.

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El futuro no existe

here and now

Esta es una frase que, cada cierto tiempo, trato de grabarme a fuego: “El futuro no existe”. Lo único que existe de él son nuestras proyecciones, los pensamientos que generamos respecto al mismo, las ideas que tenemos de lo que puede o no puede pasar. Existe como concepto y como sensación perceptiva, siempre distinta en función de la persona. Pero existir no existe.

Lo único que tenemos es el presente. El aquí y el ahora.

Y sin embargo hay pocas cosas que nos den tanto miedo como eso que llamamos “futuro”. Pocas cosas nos asustan tanto como “lo que podría ser”, “lo que nos puede pasar” o incluso lo que nos han dicho que será.

Sin embargo, repito, el futuro no existe. Sólo existe el presente, el paso a paso que damos a cada momento, cada segundo en el que estamos y sólo existe durante ese momento para luego formar parte de la suerte de concepto que llamamos pasado -una vez más, muy distinto para cada persona, para cada percepción individual-.

El aire que estás respirando justo ahora, mientras me lees. Tu latido presente. Tus ojos recorriendo estas líneas, ahora mismo, es lo único que tienes. Lo único que realmente existe.

No deja de resultar curioso que algo que nos resulta una de las mayores fuentes de sufrimiento sea algo que ni siquiera se ha dado. Es más, algo que ni siquiera sabemos si se dará -aunque siempre presuponemos que sí, aún más allá de lo más o menos lógico-. Es algo que sólo existe en nuestra mente, son proyecciones que creamos fruto de la manera que tenemos de vivir y concebir el tiempo y nuestra vida.

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Descontextualizar a los padres

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Suena raro, lo sé. Pero no se me ocurría mejor título para este post. Porque de eso trata precisamente: de los padres, su contexto… y sacarlos de él.

Qué os voy a decir de la relación con los padres. Nada fácil, nada sencillo. Es todo un mundo. Para unas personas con buen sabor de boca y para otras una cuestión bien amarga. O hay quien tiene una de cal y una de arena: se lleva muy bien con el padre/madre pero sucede justo lo contrario con la otra parte.

También sé que puede parecer un poco cliché que esté hablando de los padres (“la psicología y los padres, ¡qué pesadez, siempre con lo mismo!”), pero es que no es para menos. Nuestro padre y nuestra madre asientan las bases de nuestro mundo. Asientan las bases sobre las que relacionarnos con nuestro entorno y los demás, y lo que es tal vez más importante: asientan las bases sobre cómo relacionarnos con nosotras mismas.

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Los celos

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¿Hay alguien que no los haya sufrido jamás? ¿Hay alguna persona que no haya sentido, aunque sea, una pequeña punzada? ¿Existe alguien que, con toda certeza, no los haya experimentado nunca?

Los celos duelen mucho. Nos hacen sentir fatal. Y a través de ellos se han justificado conductas horribles, hirientes, incluso agresiones. En nombre de los celos se han emprendido acciones más que reprochables, invasoras e irrespetuosas. Destructoras para nosotras y para otros.

Parece que los celos sean lo peor de lo peor. Un sentimiento prohibido, algo oscuro y peligroso. Hablas de celos y automáticamente nos viene la imagen de una persona con el ceño fruncido, mandíbula apretada mirando fijamente a “su amenaza”.

Pero vamos a ver… ¿qué pasa con los celos? ¿Por qué tenemos celos? ¿Por qué nos hacen actuar de manera tan horrible y nos remueven todo nuestro mundo interno?

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La presión de la maternidad

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“Ser madre es lo más bonito de una mujer”.

No es una frase inventada. Hace pocas semanas me la dijo un hombre cuando expresé que no quería ser madre.

La presión social hacia las mujeres para ejercer la maternidad sigue siendo un hecho. Todas las mujeres que hemos tomado la decisión de no serlo -o que no es una de nuestras prioridades en la vida- sabemos que esto es así: se nos ve como raras, “desviadas”, un poco sospechosas…

La maternidad está todavía lejos de ser una elección completamente libre a ojos sociales. Todavía se sigue considerando que la mujer tiene que ser madre para ser una auténtica mujer, y no se toma del todo en serio a aquellas que decimos que no queremos serlo.

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