Navidad con M de mujer

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La navidad se asienta en los trabajos asignados a las mujeres: cuidado y hogar.

Reunir a la familia, cocinar, limpiar y regalar. Preparar la mesa, envolver los regalos, organizar los eventos. Hacer a todo el mundo feliz.

En esta época del año todos los trabajos que ejercemos de manera invisible se agolpan un día tras otro.Se sobredimensionan, se suman a lo que la rutina ya trae consigo. Ser el pegamento familiar y hacer que toda la familia esté contenta es nuestro papel más que nunca. Si la división de roles ya pesa el resto del año, durante estas fiestas todo se multiplica. La carga se agranda.

El papel de cuidadoras y dadoras se multiplica aunque sea a costa de nosotras, una vez más. Si el resto del año ya se nos supone este papel, ya se asume que es cosa nuestra, que lo hacemos mejor por alguna especie de “suerte natural”, ahora estamos en la época del año en el que ser cuidadora, proveeodora de amor, se sobreexplota. Una época que debería significar fiesta y descanso para muchas es poco más que responsabilidad y agotamiento.

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Querer controlar la ansiedad

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Algo que nos atemoriza es perder el control. En general. Nos gusta tenerlo todo controlado. Nos hace sentir tranquilas notar que tenemos algo en el punto de mira, que conocemos sus movimientos y posibilidades. Nos da una sensación de poder y fuerza, y sintiéndonos grandes y poderosas nos llega esa especie de sosiego. Creemos incluso que así evitaremos el sufrimiento. Si lo tenemos todo bajo control veremos todo venir y podemos evitar lo malo. Buscamos en el control esa sensación de seguridad para que nos reconforte el comprobar que todo se mueve tal y como esperamos. Usamos muchas veces el control de una situación como parche para evitar sentirnos indefensas: si controlo algo tengo una certeza sobre eso y así nada me puede pillar por sorpresa, nada me puede dañar.

Y esto funciona aún con más fuerza cuando se trata de nosotras mismas, de nuestro cuerpo: que todo esté bien es importante. Que notemos que nos sentimos bien es de lo más confortable. Estar en un estado normal y tranquilo es lo que queremos. Pero cuando tenemos ansiedad esto se rompe. Sentimos que ella nos domina, que es ahora la que manda. Sentimos nuestro cuerpo a la deriva, empujado por la fuerza de los síntomas hacia un lugar incierto. Y la sensación de descontrol se suma a lo desagradable del resto de la sintomatología, agregando así puntos negativos a la vivencia que tenemos de nuestra ansiedad.

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Solas ante el amor

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No se nos educa en el amor.

Se nos educa en matemáticas, se nos educa en lenguas, se nos educa en tecnología, pero, ¿y en emociones? Nada. ¿En amor? Tampoco. Puede parecer una afirmación rara, porque se supone que todas sabemos lo que es, que es algo que todo el mundo tiene claro. Como con las emociones. Se da por sentado que todas conocemos las normas del amor, las maneras en que funciona bien y en que funciona mal. Lo que hay que hacer y lo que no. Pero la verdad es que la cuestión no es tan sencilla y tiene mucha trascendencia.

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La ansiedad no te matará ni te hace débil

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La ansiedad duele. Cuando aparece, duele. Quien la sufre sabe cuánto dolor puede ocasionar. Lo que molestan sus síntomas. Toda persona que haya sufrido una crisis de pánico sabe que sus síntomas son horribles: la respiración a todo gas, el corazón a toda prisa, el mareo, la sensación de descontrol…

Yo he vivido atemorizada por ella durante años. Era pensar en la ansiedad y ya me ponía taquicárdica. Para mí era lo peor. “No, por favor, otra vez no” era lo primero que pensaba cuando notaba algún síntoma. Se me disparaban todas las alarmas en cuanto notaba que estaba surgiendo. Entraba en pánico por miedo a entrar en pánico. Tenía auténtico pavor de que esos síntomas me llevaran al callejón sin salida de la locura o de la muerte. Porque los síntomas son tan fuertes que realmente pensaba que algo grave me iba a pasar. Por mi cabeza pasaban escenas de mí tirada en el suelo y alguien llamando a una ambulancia. Es todo tan físico, tan tangible, tan real, que crees que de esa no sales.

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No son “sólo juguetes”

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Se acercan las fiestas de navidad y empiezan a llegar los catálogos de juguetes a casa. Aunque no lo quiera admitir siempre los miro con una chispa de esperanza, pero no hay nada nuevo en el horizonte: muñecas para niñas y camiones para niños. “Aprende a estar guapa” para niñas y “aprende a ser ingeniero” para niños. Debo ser adicta a indignarme porque no puedo evitar mirar y remirar los catálogos buscando sexismo. Y lo encuentro en cantidades industriales.

Muchas veces se ha criticado a esta división de juguetes para niños y para niñas. Se ha dicho por activa y por pasiva que la frontera de “lo azul” y de “lo rosa” tiene que ser atravesada. Que basta de sólo muñecas para niñas y de sólo coches para niños. Y en contrapartida mucha gente lo ve exagerado, piensan que no es para tanto, que son sólo juguetes. Pues sí, son juguetes, pero no “sólo juguetes”.

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