Perfeccionismo y negatividad

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El perfeccionismo puede llevarnos a verlo todo negativo. No tiene por qué pasar siempre así, pero es una posibilidad que encierra el quererlo todo perfecto: porque si no está perfecto, es mejorable. Es decir, nos lleva a enfocarnos en lo negativo de un asunto.

El perfeccionismo es una característica que se ve con buenos ojos. Dices “soy perfeccionista” y automáticamente se te imagina como una persona meticulosa, que cuida los detalles y que quiere hacerlo todo lo mejor posible. Sin embargo, yo no creo que ser perfeccionista sea algo bueno; así como tampoco creo que no se pueda ser meticulosa, detallista y que te esfuerces en hacerlo todo bien si no eres perfeccionista.

Porque ¿qué es ser perfeccionista? Querer hacerlo todo perfecto. Esta es la definición de perfeccionismo. Sin embargo me surgen muchas dudas alrededor de esto, como qué es exactamente la perfección, o si acaso ésta existe. El concepto “perfecto” me parece que está estrechamente -demasiado estrechamente- relacionado con la autoexigencia y la culpa.

Rechazando el perfeccionismo

Sí, a mí me gusta hacer las cosas bien. Me gusta dar lo mejor de mí. Me gusta arreglar aquello en lo que he fallado. Me gusta cuidar los detalles y creer que siempre puedo seguir mejorando. Y aún así no me considero perfeccionista.

Solía considerarme perfeccionista, eso sí. Era como parte de mi autodefinición, adjetivo que además acogía con gracia mi entorno. Pero ya hace un tiempo que decidí sacar esa característica de mi autoconcepto y centrarme solamente en las partes buenas que esta característica suponía.

Decidí no definirme como perfeccionista por todo el daño que me estaba haciendo. Porque perseguir la perfección tanto en todo lo que haces como en ti misma abre una herida que no cierra por mucho que hagas, por mucho que mejores, por mucho que todo avance. Porque para una persona perfeccionista nunca es suficiente. Siempre hay que mejorar, siempre hay esa posibilidad. Y ciertamente, esto es así, es algo indiscutible; Siempre se se puede mejorar cualquiercosa. Pero el el hecho de que algo se pueda mejorar no implica que se deba mejorar. Porque así como nos gusta hacer las cosas bien también hay que poner un límite al “cuánto de bien” lo hacemos.

Y es que el perfeccionismo no conoce límites. Pero lo peor no es que no conozca los límites en cuanto al objeto o tarea a mejorar, sino que tampoco los conoce en cuanto a cuándo parar de apretarnos. Porque el perfeccionismo es un motor para la autoexigencia, y ésta cuanto más grande es más duele.

Autoexigencia, perfeccionismo y negatividad

Esta tríada se da con frecuencia. como decía al principio, ser perfeccionista no implica ser negativa, pero esto es por esa aceptación e incluso distorsión que tiene el perfeccionismo. Y digo distorsión porque, para mí, el hecho de ser meticulosa, detallista y querer hacer las cosas bien no es ser perfeccionista, pero se puede entender así.

Sin embargo si miramos la definición de perfeccionismo de manera literal -buscar la perfección-, salta enseguida la negatividad. Y esto es por dos cosas:

1- Demasiada autoexigencia nos lleva a una vivencia negativa de nosotras mismas. Esto es así porque cualquier cosa que hagamos nos llevará a la frustración porque “no es suficiente”.

2- El perfeccionismo nos lleva a fijarnos más en lo malo, en los “peros” que algo puede tener. Esto en sí no es malo, ya que ver los defectos en algo nos da la oportunidad de mejorarlo, pero en el caso del perfeccionismo, como se alía con la autoexigencia, esos “peros”no sólo existirán sino que serán el foco de atención. El perfeccionismo nos impedirá fijarnos en los aspectos positivos, los nublará, incluso los anulará. Porque lo que le importa al perfeccionismo es su fin: la perfección. Y todo lo que no sea alcanzarla será mal visto.

El perfeccionismo es como un profesor supersevero. De esos que te ponen un 7 aunque hayas aportado todo lo se te pedía en el examen. Y es que la vara con la que mide todo el perfeccionismo es demasiado severa, demasiado rígida, demasiado injusta.

Y lo que es más injusto de todo es que no nos permita disfrutar de nuestros pequeños logros porque estemos pensando que podríamos haberlo hecho mejor.

Mucha gente que conozco que es perfeccionista está bajo el yugo de la frustración. Porque siempre, todo, puede ser más y mejor, y ante cualquier desliz que aleje de estos ideales se convierte en el foco de atención. Alejándonos así, del momento presente. Estando más lejos de ser capaces de disfrutar los pequeños placeres del día a día.

Y es que perfeccionismo y negatividad están estrechamente relacionados.

Imagen: Nono García

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