La herida de la exigencia II

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Esta entrada sobre la exigencia la comencé a escribir hace unos días. Antes de que, así como por combustión espontánea, me pusiera a escribir la anterior entrada de Blog sobre la culpabilización de las víctimas. Pero como al final resulta que soy una melancólica y una romántica de cuidao, os dejo el post tal cual lo tenía escrito (sólo que lo he finalizado y revisado ortográfica y gramáticamente ;)). Reza tal cual:

Vuelve septiembre, vuelta al Blog. Hace unos meses que no escribo nada (verano de descanso y reflexión), y para ser el primer post de la temporada 2016-2017 (en la que se avecinan muchos cambios como ya les he ido anunciando a las suscriptoras) he decidido escribiros algo práctico. En concreto la segunda parte del post “La herida de la exigencia I“.

En él os hablé sobre los efectos de la exigencia, sobre cómo se cuela en nuestras vidas y el dolor que nos causa. Pero claro, después de saber esto surgen unas preguntas clave: ¿qué hago con ella una vez instaurada? ¿Se puede eliminar?

Como supondréis la respuesta no es sencilla; Así como el conseguirlo, tampoco. No es una cuestión fácil ni banal, y se tarda mucho tiempo tan sólo en modificar un poco esta tendencia. No puede ser de otra forma: ¿cómo vamos a cambiar rápido algo que hemos estado aprendiendo toda nuestra vida? ¿Cómo cambiar una tendencia prácticamente innata?

No, no estoy siendo derrotista, pero lo cierto es que eliminar la exigencia, o al menos, mantenerla a raya, requiere de un trabajo profundo y de largo tiempo, y suele requerir asistir a terapia. Esto es así porque sus raíces son profundas y hace falta escarbar en muchas cuestiones a las que solas es difícil acceder.

Sin embargo sí que hay cuatro cosas que podemos hacer nosotras mismas. Hay fórmulas para ir trabajándose la exigencia, pequeños pasitos que podemos dar. Y de esto es sobre lo que trata este post que lees, sobre pequeños consejos para trabajarla y comenzar a poner diques a su tendencia. Así que, vamos allá.

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