El capitalismo en tu cerebro

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Vivimos en un sistema capitalista. El capitalismo es un hecho. En él se generan terribles desigualdades tanto sociales como salariales: ricos muy ricos, pobres muy pobres y todas las consecuencias que esto trae a distintos niveles, como el social o el familiar.

Pero no podemos entender este sistema solamente como un sistema económico con todas las catástrofes que trae, sino que va mucho más allá. Es un sistema que también nos configura, que nos moldea, que nos hace ser como somos y pensar de la manera en que pensamos. Es decir, nos afecta mucho más allá que a nuestra cuenta bancaria (y toda la extensión de cuestiones que esto puede desencadenar).

A nivel individual, yendo más allá cómo nos pueda afectar tener más o menos dinero, poder acceder más o menos a él -que, insisto, ya es mucho- el sistema capitalista contiene una serie de doctrinas e ideologías que nos calan a nivel individual y llegan a formar parte de nosotras mismas. Y como tantas de las ideas que se nos inculcan desde la infancia, llegamos a interiorizarlas tanto que ni las cuestionamos. Son ideas que se anclan como única perspectiva posible del mundo y de nosotras.

Una perspectiva que nos aleja como individuos, nos desune y nos enfrenta.

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Navidad con M de mujer

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La navidad se asienta en los trabajos asignados a las mujeres: cuidado y hogar.

Reunir a la familia, cocinar, limpiar y regalar. Preparar la mesa, envolver los regalos, organizar los eventos. Hacer a todo el mundo feliz.

En esta época del año todos los trabajos que ejercemos de manera invisible se agolpan un día tras otro.Se sobredimensionan, se suman a lo que la rutina ya trae consigo. Ser el pegamento familiar y hacer que toda la familia esté contenta es nuestro papel más que nunca. Si la división de roles ya pesa el resto del año, durante estas fiestas todo se multiplica. La carga se agranda.

El papel de cuidadoras y dadoras se multiplica aunque sea a costa de nosotras, una vez más. Si el resto del año ya se nos supone este papel, ya se asume que es cosa nuestra, que lo hacemos mejor por alguna especie de “suerte natural”, ahora estamos en la época del año en el que ser cuidadora, proveeodora de amor, se sobreexplota. Una época que debería significar fiesta y descanso para muchas es poco más que responsabilidad y agotamiento.

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Mujeres que cuidan demasiado

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El otro día os enlacé este interesante artículo en la página de Facebook en el que se hablaba de la mujer y el cuidado. Ante este artículo una amiga me preguntó: ¿cómo hacerle notar esto a una mujer a la que queremos?  Desde luego que es una pregunta importante, porque de lo asumido que tenemos que el cuidado es algo propio de la mujer, muchas pasamos largos años de nuestra vida haciendo de las tareas de cuidado el epicentro (en cualquiera de sus variantes: planchar, limpiar, llevar los niños al colegio, hacer la comida…), sin mirar hacia nosotras. Y todo esto en muchas ocasiones sin ni siquiera ser demasiado conscientes o no dándole la importancia que merece. Es “lo natural”, es lo que se nos supone, es “nuestro instinto” nos dicen, lo hacemos mejor que los hombres -también nos venden- y, para más inri, no se fomenta el autodesarrollo de las mujeres en el contexto social. ¿Cómo vamos a ver, así, que dedicar nuestro tiempo por completo a las tareas de cuidado es un problema?

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