La herida de la exigencia II

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Esta entrada sobre la exigencia la comencé a escribir hace unos días. Antes de que, así como por combustión espontánea, me pusiera a escribir la anterior entrada de Blog sobre la culpabilización de las víctimas. Pero como al final resulta que soy una melancólica y una romántica de cuidao, os dejo el post tal cual lo tenía escrito (sólo que lo he finalizado y revisado ortográfica y gramáticamente ;)). Reza tal cual:

Vuelve septiembre, vuelta al Blog. Hace unos meses que no escribo nada (verano de descanso y reflexión), y para ser el primer post de la temporada 2016-2017 (en la que se avecinan muchos cambios como ya les he ido anunciando a las suscriptoras) he decidido escribiros algo práctico. En concreto la segunda parte del post “La herida de la exigencia I“.

En él os hablé sobre los efectos de la exigencia, sobre cómo se cuela en nuestras vidas y el dolor que nos causa. Pero claro, después de saber esto surgen unas preguntas clave: ¿qué hago con ella una vez instaurada? ¿Se puede eliminar?

Como supondréis la respuesta no es sencilla; Así como el conseguirlo, tampoco. No es una cuestión fácil ni banal, y se tarda mucho tiempo tan sólo en modificar un poco esta tendencia. No puede ser de otra forma: ¿cómo vamos a cambiar rápido algo que hemos estado aprendiendo toda nuestra vida? ¿Cómo cambiar una tendencia prácticamente innata?

No, no estoy siendo derrotista, pero lo cierto es que eliminar la exigencia, o al menos, mantenerla a raya, requiere de un trabajo profundo y de largo tiempo, y suele requerir asistir a terapia. Esto es así porque sus raíces son profundas y hace falta escarbar en muchas cuestiones a las que solas es difícil acceder.

Sin embargo sí que hay cuatro cosas que podemos hacer nosotras mismas. Hay fórmulas para ir trabajándose la exigencia, pequeños pasitos que podemos dar. Y de esto es sobre lo que trata este post que lees, sobre pequeños consejos para trabajarla y comenzar a poner diques a su tendencia. Así que, vamos allá.

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La culpabilización de la víctima o cómo destruir a una persona

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El #victimblaming o culpabilización de la víctima está al orden del día. Estamos en pleno 2016, y aún hoy día cuando una chica es violada la gente pregunta que cómo iba vestida o comenta que ya le vale por ir a las tantas de la madrugada sola. Si es que a quién se le ocurre, pensar que la calle también es suya…

Este tipo de mensajes que, quiero pensar, quieren llamar a la precaución al más puro estilo vintage-parental (¿qué mujer no ha oído el clásico “hija, ve con cuidado”?), en realidad están revestidos de una misoginia y una crueldad que se ven en pocas situaciones.

Los casos que tanto suenan últimamente de Diana Quer y Tiziana Cantone son una pequeña muestra de lo que, desgraciadamente, sucede cada día; y en cada caso se oye exactamente lo mismo:

¿Por qué sola a esas horas? Ya se sabe que es peligroso.

Alguien le debería haber advertido.

Eso le pasa por dejarse grabar/por ir vestida así/por no tener cuidado.

Vamos, que si te pasa algo la culpa es tuya.

De esta forma la víctima no tiene que cargar sólo con el dolor de semejante experiencia sino con la vergüenza y la culpa de que ella no ha hecho nada por evitarlo. Que ese dolor se lo ha ganado. Que podría haberlo evitado. Que qué le pasa por haber sido tan tonta y haber consentido y propiciado ese evento. Y, así, el mensaje que se le manda a esa mujer es que está cargando con un castigo por ser como es, por hacer lo que hace. Por ser ella y ser libre al fin y al cabo. ¿Las consecuencias? Creo que están claras sabiendo tal y cómo ha terminado Tiziana. Y es que las víctimas, como si no tuvieran suficiente con sentirse humilladas por lo ya vivido, tienen que soportar este cuestionamiento -que es fácil acabar haciéndolo propio y entrar en autocastigo-. Y este es un paquete a llevar encima muy, muy grande. A veces tanto que se hace insoportable.

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