La herida de la exigencia I

herida

La exigencia nos abre en dos. Nos parte en dos mitades irreconciliables: lo que somos y lo que deberíamos ser.

Todas cargamos con esta herida. Una herida que nos aleja, nos distancia varios kilómetros de nosotras mismas. Una herida que tenemos grabada como una cicatriz. Y es que la exigencia es algo que conocemos bien, que vivenciamos prácticamente de forma automática, inconsciente, como un acto reflejo. Salta a la mínima. Tenemos tan bien aprendido el discurso de lo que debemos ser que vivimos en una lucha constante entre alcanzar esos objetivos del deber ser y la bien ansiada aceptación. Y esta batalla la pierde la aceptación desde el mismo momento en que comienza. Porque la exigencia es demasiado fuerte. Porque lo que “deberíamos ser” lo tenemos mucho más presente e infinitamente mejor valorado que lo que valemos y lo que somos.

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