Ligar en los tiempos de las apps

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En una de las últimas entradas del Blog comentaba sobre el miedo al compromiso y cómo es una plaga a día de hoy. Esta cuestión tiene, como es evidente, consecuencias a nivel personal. Y de esta parte es de la que voy a hablar ahora. ¿Que por qué ese título para este tema? Porque el miedo al compromiso y el uso de aplicaciones para encontrar pareja -aunque sea para una noche- tienen unas sinergias y una retroalimentación de bastante complejidad.

Empecemos por lo que comentaba en el anterior post: el miedo al compromiso se ha ido extendiendo de manera alarmante y estamos viviendo en unos tiempos en los que parece cada vez más difícil encontrar pareja, pese a la aparición de aplicaciones para este fin. Estas aplicaciones son un reflejo de los tiempos en los que vivimos, un artilugio en la que los milenials nos movemos como pez en el agua. Y es que si hay una característica definitoria de la vida actual en nuestra cultura es el uso -y en ocasiones abuso, también en lo relacional- de lo online en la vida cotidiana.

Ligar desde la frialdad

Lo online nos ha abierto nuevas formas de comunicación, lo que no deja de significar nuevas vías para relacionarnos, algunas muy útiles e incluso necesarias -no soy yo quien las vaya a demonizar-. Pero estas vías, sobre todo las mainstream y las que se utilizan en estas apps para ligar, utilizan el mensaje escrito como base comunicativa, y mediante el mismo está claro que no podemos obtener toda la complejidad que aporta una relación de tú a tú ya que se pierden elementos comunicativos: las miradas, los gestos, los tonos de voz, las reacciones de la otra persona cuando hablamos… En consecuencia, la comunicación se vuelve algo más fría.

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El miedo al compromiso es la moda del siglo XXI

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Se habla de miedo al compromiso y automáticamente nos viene a la mente la imagen del hombre que va saltando de una mujer a otra. Es este prototipo el que tenemos en mente y es completamente lógico porque históricamente los hombres tienen más recorrido en esta fobia que las mujeres.

Para los hombres el mundo siempre ha estado abierto, de puertas hacia fuera podían acceder a lo demás, el mundo era suyo. Mientras que el universo de las mujeres era el hogar, formar una familia se nos asignaba como única aspiración y el cuidado del marido, de los hijos y del hogar se marcaba como el fin último de la felicidad, eliminando así, de un plumazo, todas las otras opciones. Que te digan que el mundo es tuyo, que está lleno de opciones y que te digan que el hogar es tu mundo tiene connotaciones muy diversas tanto a nivel de desarrollo personal y para el desarrollo de la fobia al compromiso.

Si a una persona se le dice que su fin es formar una familia y nada más y que eso va a ser su felicidad, ¿cómo va a desarrollar miedo al compromiso? Si a otra se le dice que hay mucho más allá, que los campos de la felicidad son diversos, e incluso que la familia es una trampa, la cosa cambia. Eso por no hablar de que la consquista de múltiples mujeres era un componente interesante de la masculinidad, que con cuantas más se estaba más hombre se era.

Sin embargo esta es una historia algo vieja, porque aunque es cierto que a nosotras se nos pone de cabecillas del cuidado familiar, también se nos dice que parte del mundo puede ser nuestro. Y menos mal. A partir de este cambio de paradigma social comenzaron a surgir más y más casos de miedo al compromiso en mujeres, las estadísticas entre hombres y mujeres se fueron igualando y, a día de hoy, la cosa está bastante más equilibrada. Conozco a muchos hombres con miedo al compromiso, pero también a muchas mujeres. Y la cosa sigue in crescendo. Cada vez es más gente quien lo sufre y son muy diversas las maneras en las que se manifiesta.

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